Jue. May 30th, 2024

Son muy graves las consecuencias que puede tener México sino nos preparamos para evitar que esta ola migratoria en marcha nos rebase como Nación, como país y como puente entre América del Norte y el resto del continente, advierte nuestro apreciado amigo y colaborador de Candelero, Ricardo Monreal. Expone los riesgos que conlleva este fenómeno y a la vez hace interesantes sugerencias para mitigar estas amenazas y garantizar que la migración se gestione de manera segura, ordenada y humana.

Por Ricardo Monreal Avila

En su conferencia matutina de inicio de semana, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio a conocer las cifras más recientes sobre la ola migratoria que está cruzando por nuestro país para tratar de llegar a los Estados Unidos.
El mandatario señaló que “en los últimos tiempos por el Darién, que es una zona muy peligrosa, llegaron a pasar, por los límites de Colombia y Panamá, hasta 4 mil migrantes hacia el sur de México. Ya en la frontera de Chiapas el número aumentó a 6 mil diarios, y la semana pasada la cifra llegó a la frontera norte a 10 mil migrantes diarios”.


De acuerdo con el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020, la población migrante a escala global se estima en 281 millones de personas, es decir, el 3.60 % de la población mundial.
En 1990, las personas migrantes internacionales se estimaban en 153 millones, mientras que en 1970 fueron 94 millones en todo el mundo, esto significa que la cifra se triplicó en medio siglo.
Las causas de esta movilidad internacional son diversas y obedecen a factores económicos, geográficos, sociales, demográficos y medioambientales.

Sin embargo, las tres principales que están propiciando tal movilización son la pobreza, la violencia y el cambio climático.


Los riesgos asociados a los diferentes impactos de este último se convirtieron en un factor clave para propiciar olas de migración internacional cada vez más grandes, pues se espera que el cambio climático provoque fenómenos meteorológicos más extremos, como sequías, inundaciones y tormentas, que pueden contribuir a los desplazamientos forzados de las personas.


Además de estos riesgos generales, existen también otros específicos, asociados a las olas migratorias en curso. Por ejemplo, el conflicto en Ucrania propicia el desplazamiento de un número cada vez mayor de personas; muchas empezaron ya a buscar refugio en países vecinos y otras tantas cruzaron el Atlántico para probar suerte en el continente americano.


De ello dan cuenta las solicitudes cada vez más frecuentes de espacios de alquiler en la Ciudad de México y otras entidades del país, a través de las diferentes plataformas digitales, por parte de personas de origen ruso o ucraniano que, por lo general, tienen como destino final los Estados Unidos.


Por regiones, y de acuerdo con el Informe:
El crecimiento más marcado entre 2000 y 2020 se registró en Asia, con un aumento del 74 % (alrededor de 37 millones de personas, en cifras absolutas). Europa experimentó el segundo crecimiento más alto durante este periodo, con un aumento de 30 millones en el número de migrantes internacionales, seguida de América del Norte (18 millones) y África (10 millones).
Por países de origen, India ocupa el primer lugar de migrantes internacionales; el segundo, México; mientras que el tercero lo tiene la Federación de Rusia (antes de la guerra contra Ucrania); en tanto que Polonia, el Reino Unido, Rumania y Alemania se posicionan como los siguientes.


Por países de destino, los Estados Unidos concentran el 50 % de migrantes internacionales, mientras que los Emiratos Árabes Unidos se convirtieron en el segundo receptor. Alemania, el Reino Unido, Rusia y Arabia Saudita son los siguientes países en importancia en ese rubro.


El continente americano, por su parte, ha registrado dos grandes olas migrantes en su historia. Una, entre 1870 y 1913, con el surgimiento de los Estados Unidos como potencia industrial. La otra, con la terminación de la Segunda Guerra Mundial y su consolidación como el principal polo económico y militar del mundo. Y ahora pareciera estarse configurando la tercera gran ola migrante en América.
México se encuentra en la llamada “última milla” de esta nueva migración internacional. Recibimos presión de nuestro vecino y socio del norte para cerrar puertas, pero también -y en forma cada vez más creciente- de las personas transmigrantes, para permitir el libre tránsito. En tanto, el crimen organizado encontró en esto una nueva fuente ilegal de ingresos.


Tenemos que prepararnos para evitar que esta ola migratoria en marcha nos rebase como nación, como país y como puente entre América del Norte y el resto del continente, pues este tipo de fenómenos pueden conllevar una serie de riesgos insoslayables que son:
Servicios sociales y migratorios desbordados.


Un gran número de inmigrantes que llegan en un corto lapso pueden ejercer presión sobre los servicios sociales, como vivienda, atención sanitaria y educación. Asimismo, las estaciones migratorias se enfrentan a problemas de infraestructura o insumos insuficientes.


Xenofobia y malestar social.
La ansiedad pública por la migración puede generar ambos fenómenos, lo cual a su vez suele incluir discriminación y violencia contra migrantes.
Inestabilidad económica.


Gran número de inmigrantes puede tener un impacto en el mercado laboral y la economía. En algunos casos, esto llega a provocar inestabilidad económica, como inflación o desempleo.
Tensiones geopolíticas.


Esto es especialmente cierto en el caso de México y su vecino del norte.
Delincuencia transnacional.


Los carteles en países como México o Colombia podrían estar monetizando, de manera ilegal, las diferentes rutas de migración internacional. Esto conlleva la acentuación de posibles crisis humanitarias y de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
Crisis sanitaria.


La migración masiva y sin controles sanitarios podría conducir también a la propagación de enfermedades. Es de suma importancia señalar que estos riesgos no son inevitables.


Con base en la legislación internacional en materia de derechos humanos, los Gobiernos y otras partes interesadas deben implementar medidas y acuerdos para mitigar estas amenazas y garantizar que la migración se gestione de manera segura, ordenada y humana.


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